Las dos cosas, en la misma llamada. Mientras tú estás en el pase, alguien coge el teléfono, mira tus mesas de verdad y confirma.
No hace falta que nadie deje lo que está haciendo. Así es una noche cualquiera, desde que suena el teléfono hasta que el ticket está colgado.
Estás emplatando. Contesta Sala, con el nombre de tu casa.
Cuatro personas a las 21:30. Comprueba las mesas libres y los turnos.
Mesa 7. Se lo dice al cliente en la misma llamada, sin «te llamo luego».
El ticket aparece en tu pantalla. Nombre, personas, hora y mesa.
Nada de esto necesita que instales un ordenador en el local ni que tu equipo aprenda un programa nuevo.
A las 13:30 en pleno servicio, el lunes que cierras, a las dos de la mañana. Nunca comunica y nunca se cansa.
No una agenda aparte: tu sala, con las mesas que tienes, los turnos que haces y quién ya está sentado.
La más pequeña donde caben. Sentar a dos personas en la mesa de seis es rechazar a una familia una hora después.
Español, inglés, alemán, italiano. En una isla llena de turistas, eso son reservas que antes colgaban.
La misma sala, reservada desde tu página. El cliente no se descarga nada y no sale de tu sitio.
Quién vino, cuándo, cuántos eran y qué pidió. La segunda vez que llaman, ya lo sabes.
Donde entre las 13 y las 15 nadie puede coger el teléfono, y esa llamada se va a otro sitio.
Recepción haciendo diez cosas a la vez, y un restaurante que también toma reservas.
Cada local con su usuario, su plano y sus horarios. Un panel, varias salas.
Montamos tu sala con tus mesas de verdad y lo pruebas en tu casa, con tus horarios. Después decides.